“Porque ha he hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede. Santo es su nombre”. (Lucas 1,49).
Con estas palabras, María alaba a Dios por el don de la salvación que Él nos ofrece en su Hijo, Jesucristo. El “Magníficat”, tal y como lo conocemos, es un cántico pronunciado por Nuestra Señora durante su visita a santa Isabel, un acontecimiento que conmemoramos en la liturgia de la Iglesia cada 31 de mayo, el último día del mes dedicado a María.
En la Visitación, contemplamos la belleza de la fe y el amor de Nuestra Señora, y un ejemplo de cómo estamos llamados a vivir nuestro discipulado.
María, tras haber recibido la Buena Nueva de la Encarnación por medio del arcángel Gabriel, y habiendo concebido en su seno al Hijo de Dios por obra del Espíritu Santo, se sintió impulsada a visitar a su prima mayor, Isabel, quien también había concebido un hijo.
No lo hace para recibir los elogios de su prima por haber sido elegida por Dios para ser la madre del tan esperado Mesías, sino para servirle con amor mientras ella afronta las dificultades de su propio embarazo, ocurrido a una edad avanzada. María, inspirada por el Señor, se entrega con amor al cuidado de su prima y permanece con ella hasta el nacimiento de Juan el Bautista.
Incluso cuando María recibe elogios de Isabel, quien la aclama como “la madre de mi Señor”, María responde redirigiendo esa alabanza a quien le corresponde: a Dios. Su Magníficat es un hermoso himno en el que se reconocen las grandes cosas que Dios ha hecho en su vida y que está haciendo en el mundo.
María reconoce ciertamente con humildad: “Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones”, pero inmediatamente dice la razón, “porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede. Santo es su nombre”. No es por el poder ni la grandeza de María por lo que la alabamos y la honramos, sino porque se abrió a la obra de Dios en su vida y le permitió hacer grandes cosas en ella.
Por eso, en el arte y la tradición cristiana, a María se la suele asociar con la luna. Así como la luna no produce su propia luz, sino que refleja la luz del sol, de igual modo María nos refleja la luz de su Hijo y nos ayuda, con su oración y su ejemplo, para que sigamos fielmente a su Hijo como discípulos suyos. En el Concilio Vaticano II, los Padres del concilio lo ratificaron, dedicando a Nuestra Señora el último capítulo de la Constitución dogmática sobre la Iglesia, “Lumen Gentium”.
El “Lumen Gentium” dice: “Pues todo el influjo salvífico de la Santísima Virgen sobre los hombres no dimana de una necesidad ineludible, sino del divino beneplácito y de la superabundancia de los méritos de Cristo; se apoya en la mediación de éste, depende totalmente de ella y de la misma saca todo su poder. Y, lejos de impedir la unión inmediata de los creyentes con Cristo, la fomenta”. (LG 60).
Las oraciones y el ejemplo de María son tan poderosos para nosotros precisamente porque ella está tan perfectamente unida a la voluntad divina de su Hijo y se convierte así en un instrumento de su gracia para nosotros.
En la Visitación, María nos brinda un ejemplo de cómo vivir como discípulo. Primero, se entrega de buena gana y con alegría a la voluntad de Dios y a su amorosa providencia. Segundo, recibe con gratitud y humildad los dones y sufrimientos que Dios le concede como parte de su voluntad divina. Tercero, ella emplea esos dones con generosidad y cariño para llevar una vida al servicio de los demás. Estos gestos son aspectos fundamentales de la vida de discipulado y los vemos perfectamente plasmados en la vida de nuestra Santísima Madre.
En una audiencia general reciente celebrada en la Plaza de San Pedro, el papa León XIV nos planteó una pregunta que debemos reflexionar al concluir este mes dedicado a María: “¿Miro a María como modelo, miembro excelente y madre de la Iglesia, y le pido a Ella que me ayude a ser discípulo fiel de su Hijo?” (13 de mayo, 2026).
María puede ser para nosotros un verdadero modelo, intercesora y Madre. En nuestro empeño por seguir a su Hijo con mayor fidelidad, nada mejor que encomendarnos a Él a través de Nuestra Señora.