En este mes nuestra nación celebra 250 años desde que se instauró la Declaración de Independencia: Un aniversario emblemático para una nación forjada en el fuego de la revolución y puesta a prueba en su determinación de defender la promesa de libertad y de oportunidades.
Nosotros como católicos contamos con tiempos litúrgicos y solemnidades, y estas son una de las formas en que, a través de nuestra fe, marcamos el transcurso de nuestras vidas y damos sentido al tiempo con nuestras festividades.
“Porque ha he hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede. Santo es su nombre”. (Lucas 1,49).
Con estas palabras, María alaba a Dios por el don de la salvación que Él nos ofrece en su Hijo, Jesucristo. El “Magníficat”, tal y como lo conocemos, es un cántico pronunciado por Nuestra Señora durante su visita a santa Isabel, un acontecimiento que conmemoramos en la liturgia de la Iglesia cada 31 de mayo, el último día del mes dedicado a María.
Desde 1949, el mes de mayo es considerado el Mes de la Salud Mental en los Estados Unidos, y aunque se trata de una conmemoración no religiosa, el cuidado de nuestra salud mental es sin duda un elemento integral en la práctica de nuestra fe Católica. Quizás sea una agradable coincidencia que el Mes de la Salud Mental coincide con el Tiempo Pascual en la vida litúrgica de la Iglesia Católica.